Iniciaron las campañas y con ella nuestro propio viacrusis.
Aquí al parecer la lucha se centra en una de las jugadas de ajedrez más complicada, la lucha de las torres.
Tenemos una torre azul y una torre tricolor, cosa de familia, que curioso, los primos van sobre la misma carnada o sobre la misma presa y la contienda no parece que sea muy fraternal, aunque, a saber, los valores entendidos, que el ciudadano común y corriente no se explica, son los que a final de cuentas determinan las situaciones.
Pero destino es destino, un pueblo que no tiene memoria está condenado a repetir la historia una y otra vez.
Más complicado está el pleito en el Cañón de Juchipila de mi querido valedor Mojarro, parece que Amalia y Monrreal no están guardando las formas políticas y van a sobrar tepalcates, hasta para empedrar una calle.
Por un lado lo del ranchito de los hermanos, que ahora resulta que hasta rentado estaba y por otro la fuga, que no es otra cosa, sin una cachetada siquiera, Cantinflas diría, ¡no hay derecho!, ¡oiga aste!, para un operativo de esa magnitud, ya no digo los mandos o autoridades locales, oigame no!!!, de ese tamaño solo unos arbolitos que se utilizan en navidad son los que pueden dar la sombra necesaria, esos a los que les cuelgan una bolitas que no sirven para nada.
A lo mejor tan espectacular operativo estaba planeado para días atrás, pero ustedes comprendan, los sicarios también son suceptibles de enfermarse y un AK-47 con tapa cañón no es tan efectivo, mejor dejamos que pase la contingencia y lueguito los sacamos, a fin de cuentas ¿pa'onde corren?.
Y se fueron, ojalá, como seres humanos, que no a un tormento y suplicio de los que se acostumbran y si no pues a seguir chambeando, que ya llevaban varios días de vacaciones pagadas y como quiera la casa pierde.
Pero bueno, iniciaron las campañas y es tiempo de recuperar las playeras para lavar el carro, los vasos para el día de campo, si se pierden o rompen ¿a quién le importa?, el bonito calendario, bueno para marcar los cumpleaños o las citas al doctor, la pluma que nunca pinta, solo las camisas, y toda aquella parafernalia con todos los colores de nuestro pavorreal político.
Lo único rescatable, si es que algo existe, es que como ciudadanos estamos obligados a ir a las urnas, que no a votar, que es muy diferente, debemos ir a las urnas y en ellas manifestar nuestra inconformidad o concordancia, habrá algunos, supongo, ante los diferentes actos de gobierno federales, estatales y municipales.
Callados no le servimos ni a un muerto.
Aquí al parecer la lucha se centra en una de las jugadas de ajedrez más complicada, la lucha de las torres.
Tenemos una torre azul y una torre tricolor, cosa de familia, que curioso, los primos van sobre la misma carnada o sobre la misma presa y la contienda no parece que sea muy fraternal, aunque, a saber, los valores entendidos, que el ciudadano común y corriente no se explica, son los que a final de cuentas determinan las situaciones.
Pero destino es destino, un pueblo que no tiene memoria está condenado a repetir la historia una y otra vez.
Más complicado está el pleito en el Cañón de Juchipila de mi querido valedor Mojarro, parece que Amalia y Monrreal no están guardando las formas políticas y van a sobrar tepalcates, hasta para empedrar una calle.
Por un lado lo del ranchito de los hermanos, que ahora resulta que hasta rentado estaba y por otro la fuga, que no es otra cosa, sin una cachetada siquiera, Cantinflas diría, ¡no hay derecho!, ¡oiga aste!, para un operativo de esa magnitud, ya no digo los mandos o autoridades locales, oigame no!!!, de ese tamaño solo unos arbolitos que se utilizan en navidad son los que pueden dar la sombra necesaria, esos a los que les cuelgan una bolitas que no sirven para nada.
A lo mejor tan espectacular operativo estaba planeado para días atrás, pero ustedes comprendan, los sicarios también son suceptibles de enfermarse y un AK-47 con tapa cañón no es tan efectivo, mejor dejamos que pase la contingencia y lueguito los sacamos, a fin de cuentas ¿pa'onde corren?.
Y se fueron, ojalá, como seres humanos, que no a un tormento y suplicio de los que se acostumbran y si no pues a seguir chambeando, que ya llevaban varios días de vacaciones pagadas y como quiera la casa pierde.
Pero bueno, iniciaron las campañas y es tiempo de recuperar las playeras para lavar el carro, los vasos para el día de campo, si se pierden o rompen ¿a quién le importa?, el bonito calendario, bueno para marcar los cumpleaños o las citas al doctor, la pluma que nunca pinta, solo las camisas, y toda aquella parafernalia con todos los colores de nuestro pavorreal político.
Lo único rescatable, si es que algo existe, es que como ciudadanos estamos obligados a ir a las urnas, que no a votar, que es muy diferente, debemos ir a las urnas y en ellas manifestar nuestra inconformidad o concordancia, habrá algunos, supongo, ante los diferentes actos de gobierno federales, estatales y municipales.
Callados no le servimos ni a un muerto.